hace mucho tiempo la naturaleza humana era muy diferente de la actual, ya que existÃan tres sexos: el masculino, el femenino y el andrógino, que era parte de masculino y parte de femenino. Dice que la figura del hombre era redonda y que tenÃan cuatro piernas, cuatro brazos, dos rostros en cada lado de una cabeza y que cuando caminaban lo hacÃan apoyándose en sus ocho miembros y lo hacÃan con un movimiento circular. Los tres sexos se debÃan a que el macho descendÃa del sol, la hembra de la tierra, y el andrógino de la luna que participa de ambos.
Los cuerpos eran vigorosos y robustos, por eso se sublevaron contra los dioses, escalaron al cielo y combatieron con ellos. Zeus y los demás dioses trataron de arreglar la situación, pero no querÃan fulminarlos como habÃan hecho con los gigantes, por que los hombres les rendÃan tributos, pero tampoco podÃan quedar sin castigo. Asà que Zeus decidió que lo mejor serÃa disminuir sus fuerzas, y lo mejor era separarlos en dos, para que marcharan sobre dos piernas y aumentar su número, pero con la condición de que si volvÃan a ofender a los dioses tendrÃan que se partidos de nuevos y ser obligados a marchar sobre un solo pie.
Mandó a Apolo para que curara sus heridas y les colocara el rostro del lado de la separación para que no olvidaran su castigo, reunió los cortes de la piel y los cosió sobre el vientre, formando el ombligo y pulió los pliegues. Luego de esta separación cada mitad hacÃa esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que habÃa sido separada, y cuando se encontraban, se abrazaban y morÃan de hambre, por no querer separarse de su mitad.
Zeus se compadeció de ellos y les puso sus órganos donde los tiene ahora, para hacer la concepción mediante la unión del varón y la hembra, por que antes engendraban por medio de la tierra.
Desde entonces todos los hombre estamos destinados a andar en busca de la mitad que perdimos, y los que provienen del andrógino, buscan su complemento hombre o mujer según sea el caso, los que proviene de la mujer, buscan su mitad del mismo sexo, al igual como los que provienen del hombre, buscan su mismo sexo.
Por eso cuando encuentras el objeto de tu amor, sientes una sensación de plenitud que hace que no te quieras separar de él ni un instante.